5 tebeos que deberías regalar por Sant Jordi






En cada portada encontraréis un enlace directo a un resumen de la obra. ¡¡Felíz día del libro a todos!!

¿Dónde estabas Power Girl?

Todos, sin excepción, hemos pecado alguna vez a la hora de comprar un tebeo, en mi caso lo suelo hacer por el dibujo y desoyendo las contraindicaciones de algunos compañeros. En esta ocasión no sé porqué lo hice, ya que mira que intento ahorrar lo que puedo (es el problema de las adicciones), puede que fuera por las ganas con las que me quedé de la parte de Amanda Conner que no publicó Planeta, o por la portada, o porque simplemente se me fue la pinza, pero me compré, así sin más, el n.3 de la colección de Power Girl de Planeta de Agostini.

Ahora el problema que tengo es conseguir las dos primeras, a ver que tal, porque este tercer volumen lo he disfrutado como un enano. Oye, no es Conner, pero Winick y Basri hacen un trabajo cojonudo, tebeo de superhéroes al 100%. Tiene de todo: identidades secretas, hostias a punta pala, misterios, villanos chungos, más superhéroes y un dibujo que es la leche.

Me gustaría entrar en más detalles sobre el cómic en sí pero creo que la gracia de este tercer volumen de Power Girl radica en su simplicidad, en su "siéntate que te vamos a poner una de superhéroes que se fostian, no sin motivo alguno, y te vas a olvidar del resto de tus problemas". Y cumple perfectamente oye, qué más queréis que os diga.

Bola de Drac, cuando la nostalgia tiene un nombre

Conocida por muchos nombres tendréis que permitirme el lujo de llamarla "Bola de Drac" que era como siempre la hemos llamado en Catalunya pero sobre todo entre mis amigos y conocidos. El caso es que hace poco en el canal catalán 3XL han vuelto a emitir los primeros episodios de la serie después de más de 10 años sin hacerlo. Hay dos generaciones enteras de por medio pero estoy convencido de que los de la mía, los de Bola de Drac estaréis de acuerdo en que esa serie nos marcó de muchas maneras.

En mi caso le estoy profundamente agradecido a Son Goku y compañía, no os podéis hacer una idea de cuánto. Muchos se equivocan al decir que si no hubiera sido por esa serie hubiera sido por otra, pero no es así, no hubiera sido así. No se trataba únicamente de las aventuras del personaje sino de todo lo que se movía a su alrededor, sobre todo en una época en la que el merchandising era prácticamente inexistente. Dios mío, si hubiera habido entonces lo que hay hoy, nos hubiéramos arruinado todos! Pero como bien decía, el qué era todo lo que movía Bola de Drac en una época en la que el contacto personal primaba más que las redes sociales y donde eso, a muchos, nos cambió la vida.

Es así como conocí a los que hoy en día son mis mejores amigos después de más de 20 años, gracias a Bola de Drac. Empezamos comentando la serie, de ahí pasamos a buscar fotocopias de los mangas aparecidos en Japón (ni siquiera sabíamos lo que era un manga entonces) e intercambiarlas. Pronto comenzaron las excursiones al salón del cómic de Barcelona y posteriormente el del manga. Las charlas eran interminables y, cuando ya no sabíamos de qué hablar entre nosotros, empezamos a publicar fanzines y a hacer programas de radio, 18 números el primero y más de 12 años lo segundo.

Pronto también le sucederían los mangas que nosotros mismos dibujábamos. Creo que nunca antes os lo había contado pero llegué a dibujar más de 200 números (de 10 páginas cada uno) de un universo alternativo al de Bola de Drac junto con mi amigo Dani, quien también dibujó su propia serie al respecto. Todo ello comportaba, aún más, fortalecer nuestro vínculo día a día y meternos de lleno en una pasión que, aunque poco a poco se ha ido relegando por otras cosas más importantes, no hemos olvidado nunca.

Algunos se sentarán delante de la pequeña pantalla y verán imágenes de Goku y compañía, pero cuando yo me siento a ver Bola de Drac no sólo veo a Goku haciendo esto o aquello, veo tiempos pasados, veo reuniones, veo a Dani, veo a Marimar, veo a Jordi, veo a Sandra, veo a Jaume, veo horas y horas de charlas, horas de programas de radio, veo algo que todo el mundo debería tener: una infancia cojonuda y una adolescencia rica en experiencias personales. Eso, señoras y señora, es Bola de Drac para un servidor.


¿Por qué Superman perdió sus calzoncillos rojos?

Ya lo seeee, soy un pesao con el tema, pero es lo que tenemos lo fans, no pensamos en otra cosa durante el día. En mi caso, ¿por qué Superman perdió sus calzoncillos rojos? se ha convertido en una obsesión a la cual he llegado a una respuesta, elaborada de manera propia, hasta que la editorial no se pronuncie al respecto y me saque de mi obcecación (si es que existe dicho palabro).

El caso es que estaba yo tan feliz preparando mis clases sobre narrativa visual en el mundo del cómic cuando, sin más, llegó la hora de tocar el tema de la "novela gráfica". Seguramente os estaréis preguntando qué tiene que ver eso con los calzoncillos rojos de Superman, pero si me prestáis generosamente unos minutos de vuestro tiempo os lo explico. Veréis, parece que no, pero hay dos posturas enfrentadas en el mundo del tebeo en cuanto a lo que respecta al término Novela Gráfica. no voy a entrar en detalles pero es tan simple como que dicho término se utiliza como una "etiqueta de mercado" para vender lo que en el fondo son, pues eso, tebeos. Claro, queda muy guay y mejor dicho "Voy a comprar/presentar/escribir/dibujar/vender una novela gráfica" que no un tebeo que parece que es para críos y gente de poca cultura... En el otro lado están los que defienden el término cómic-tebeo-manga-etc. como que tiene que conseguir postularse como Noveno Arte sin ayuda de términos diferentes y tal... Unos lo justifican de una manera, otros de otra. Esto es más que nada un resumen, no me voy a posicionar al respecto porque no es el caso.

Sin embargo, mientras preparaba las clases sobre el apartado de novela gráfica, lo que decían unos, lo que decían otros, me acordé de los calzoncillos rojos de Superman. Sí, ahora vamos al tema. no me negaréis que los nuevos diseños del NUDC han sido bastante criticados, recayendo todo el peso sobre la persona de Jim Lee. Ahora bien, os recuerdo que DC cómics se trata de una editorial y que hay más personas al cargo, otras "mentes pensantes" que permiten la aprobacíón de unos diseños más de armadura y menos de tela y calzoncillos por encima de los pantalones. Y ahí está el qué, en que siempre se ha hecho broma sobre que Superman lleva la ropa interior por encima de los pantalones.

Estamos pues, ante un nuevo concepto, una nueva manera de intentar llegar al público de forma más seria y más "molona" y lo que no mola es que Superman lleve los calzoncillos por encima de las mallas, porque eso no es serio. Lo siento, es a la conclusión a la que he llegado. El NUDC puede ser temporal o lo que vosotros queráis, pero mientras DC no se pronuncie al respecto para mí no lo es, es definitivo y, qué narices, Superman ha sido un icono toda su vida incluso llevando sus famosos calzoncillos rojos por encima. Una vez más nos estamos avergonzando de nuestra historia y de la historia de nuestros iconos que evolucionan cada vez más en función del mercado a pesar de que hayan sobrevivido a las diferentes maneras de pensar que se han sucedido durante décadas.


Así pues, Superman debería volver a lucir sus calconzillos por encima de los pantalones como siempre ha hecho, sobre todo porque el personaje está por encima de ello y, aunque también es cierto que su popularidad le blinda el hecho de que no tuviera porqué llevarlos, debemos enseñar a las nuevas generaciones los valores que el personaje representa, incluso a pesar de sus "ridículas" formas de vestir, ya que al fin y al cabo es lo que hemos aprendido unos cuantos con el tiempo.

The River, terror en el Amazonas

Cada año se estrenan decenas de series en todo el mundo, unas tienes más éxito, otras menos, otras son canceladas y hay algunas que, sin más, pasan desapercibidas. Es lo que ha sucedido con The River. Sí es cierto que se habló de ella durante las dos primeras semanas pero después los comentarios al respecto han quedado relegados incluso por series como The Walking Dead que, todo y dada su popularidad, ha dejabo bastante que desear en una temporada que podría haberse resumido en 6-7 episodios.

The River, al menos su primera temporada, tiene tan sólo 8 episodios contados al estilo de producciones como REC o Monstruoso, uséase, cámara en mano. La serie nos narra la historia de Emmet Cole, un famoso reportero de documentales sobre naturaleza cuya vida siempre ha sido televisada expedición tras expedición junto a su familia. Sin embargo, después de 20 años de éxito y de que su hijo abandonase el programa para hacer carrera en medicina, Emmet y su equipo desaparecen en el Amazonas. Después de 6 meses de búsqueda lo dan por muerto, excepto su mujer y su productor ya que la baliza de socorro de Emmet ha comenzado a emitir en señal de emergencia, así, sin más. De ese modo la mujer de Emmet convence a su hijo para, junto con un equipo de televisión, ir en busca de Emmet al Amazonas. Lo que el equipo no espera encontrarse es en medio de la Boiuna, que es el nombre que le dan los indígenas de la zona a una parte del Amazonas sin explorar y bastante peligrosa en la que nadie quiere adentrarse. Una vez allí, el hijo y la mujer de Emmet deberán que enfrentarse a la magia más oscura que ofrece la naturaleza con tal de saber qué ocurrió meses atrás.

Y eso son tan sólo los 10 primeros minutos de la serie, una serie que me ha encantado y cuyo final de temporada me ha dejado con la boca abierta. The River es una serie de terror al estilo REC pero, a pesar de lo que podáis leer, podéis estar tranquilos que, excepto en algunos planos muy concretos, es una serie que visualmente se deja ver sin sufrir mareos y/o espasmos. Lo grande de ella es que cada episodio podría haber sido, de manera independiente, una película de terror con temática propia. Los efectos especiales son los justos y necesarios para introducirnos en un mundo en el que no conocíamos, la magia (literal) que ofrece la propia naturaleza, así como su lado más oscuro si es aprovechada o mal utilizada.


Sin duda alguna es una serie que os recomiendo con ganas y en la que los amantes del terror váis a disfrutar de lo lindo puesto que no podemos englobarla en un sólo género, ya que váis a vivir momentos de horror presentados de maneras diferentes y con una historia que en ningún momento pierde de vista la trama original. Aquí no hay relleno, aquí hay misterio, personajes muy carismáticos y un enemigos poco definido al que poco a poco iremos viendo la cara hasta quedar boquiabiertos en el último minuto de la temporada.

Leer al son de los Tambores

Esta semana, después de muchos años, me he dado cuenta de que ya puedo empezar un post diciendo "cuando llevas un tiempo en esto...". Así pues...

Cuando llevas un tiempo en esto te sueles fijar en muchas cosas y, detalles que antes pasaban desapercibidos, ahora te llaman la atención y te ayudan a recabar más información sobre el tebeo que tienes en tus manos. Es por ello que cuando veo, aparte del guionista y creador, el resto de dibujantes e ilustradores con los que se ha rodeado, sólo me queda que pensar en el profundo respeto que sienten no sólo por el autor sino también por el guión que ha pasado por sus manos y en como han trabajado en equipo para poderlo llevar a cabo. Eso ya quiere decir mucho antes de leer y, de ahí, que todo ello se refleje en el resultado y lo gratificante que ha sido la lectura de Tambores, de El Torres y Abel García.

Esta historia nos narra como Martin Irons, agente del FBI, tiene que investigar en medio de una terrible tormenta la muerte súbita de un grupo bastante numeroso de practicantes de santería. Algo bastante horroroso de por sí pero que va adquiriendo, cada vez más, un cariz más tétrico donde no sólo estará involucrada la comunidad que practica todo número de religiones de la zona sino también el propio Martin.

Tambores es un comic de terror; parece poco original y repetitivo lo que os acabo de decir pero he dicho mucho más de lo que imagináis. Y es que es difícil (al menos para mí que no me asusto con facilidad) encontrar auténticos comics de terror donde el miedo esté más bien al girar la página que a la vuelta de la esquina, donde guionista y dibujantes consiguen que contengas la respiración viñeta tras viñeta esperando el próximo susto o el próximo momento determinante de la historia que ni te esperabas y por el cual no estabas ni atento ya que estabas "cagaíto". Que queréis que os diga, si hay algo que a mi siempre ma ha dado chungo es todo lo relacionado con el "vudú".

He leído por ahí que, con Tambores, El Torres se ha afianzado ya en este género. Qué queréis que os diga, para mi es algo que doy por hecho desde la página 10 de "El Velo". Ahora el problema no es que se supere publicación tras publicación, que va, el problema somos nosotros, los yonquis del miedo, los necesitados de subidas de adrenalina a través de las páginas de un comic que cada vez vamos a querer más y más. Y es que el cómic engancha, de principio a fin, no sólo por los sustos sino por una trama que, no teniendo suficiente con ser tenebrosa, pasa a niveles insospechados que os aseguro os van a cortar la respiración más de una vez (léanse páginas 26, 32, 48, 81 y 84-84, brutal). Más que afianzarse lo que El Torres nos hace es un regalo, nos ofrece un producto de calidad en un mercado con una oferta de géneros cada vez más completa gracias a autores como él.

¿Qué decir del apartado gráfico? Abel García y Kwaichang Kráneo eran los indicados para este proyecto, no me lo puedo imaginar de otra manera. Es más, ni siquiera he notado el cambio de dibujante, algo a lo que Fran Gamboa contribuye sobremanera una vez más gracias a ese dominio del color que parece que no pero enriquece la historia hasta otorgarle el punto que se merece. Y, sobre todo, es de agradecer el trabajo de los tres artistas puesto que normalmente se hace un uso muy exagerado de sombras y demás efectos narrativos en este género de comics anteponiéndose al propio guión, algo que en Tambores no ha sucedido. Los recursos narrativos de viñetas y páginas se limitan al uso de las mismas sin exageraciones y centrándose en el contenido más que en el continente.

Ahora bien, me voy a permitir ser un poco quisquilloso a modo personal y es que, lo único malo que le he encontrado a este tebeo (por buscarle algo) ha sido la avalancha de vocabulario técnico que te encuentras desde las primeras páginas. En parte me ha dificultado la lectura porque a veces no sabía exactamente de qué hablaban y tenía que dirigirme a un pequeño glosario que se incluye al final del mismo. De ahí, quizá, que mi recomendación sea que le echéis un pequeño vistazo antes a dicho "diccionario" para prepararos bien la lectura.

Y, con eso mismo, quería acabar este post, felicitando a dibbuks por la edición, es de agradecer, no sólo el precio sino todos los "extras" que incluye y que son una delicia para cualquier amante de los comics: una presentación de Hernán Migoya para quitarse el sombrero, las portadas originales de la edición de Image, un glosario de términos técnicos referentes a la santería (además, ilustrados) y un escrito de El Torres detallando toda su aventura. Encima es un tebeo cojonudo, ideal para regalar el día del libro que está a la vuelta de la esquina.

No tengo tiempo de no leer

No, no hace falta que lo volváis a leer porque no hay ningún error en el título del post, es totalmente cierto, no tengo tiempo de no leer. Y es que no hago otra cosa.

Veréis, cuando me levanto a primera hora de la mañana ya estoy leyendo, es mi agenda, pero bueno, es lectura al fin y al cabo, no apartar la vista de un cuaderno con letras, frases y demás construcciones gramaticales. A continuación, ya sea mientras saco al chucho o mientras espero el bus que me lleva al curro, me pongo a leer el correo electrónico, los diarios y las redes sociales, porque sé que luego igual no voy a poder. Encima tengo la mala costumbre de leer un libro los 20 minutos de trayecto que hay desde mi casa hasta la universidad. Ritual que repito siempre en la vuelta a casa o en cualquier desplazamiento en autobus por la ciudad ya que mi vicio conlleva ir siempre acompañado de un libro, u otras lecturas como veréis más adelante.

Evidentemente, una vez en el trabajo, también leo: correos electrónicos, informes, expedientes, nuevas normativas, etc... Algo que me ocupa toda la mañana y que requiere de mi presencia delante del PC un 80% de mi tiempo. Además, cuando me estreso o me tocan un poco la moral decido hacer un Kit-Kat y me enfrasco en las noticias (y cotilleos, pa que engañarnos) a través de las redes sociales. Que menos, también aprovecho para contestar otros mails no relacionados con el trabajo pero sí con proyectos y estudios que estoy llevando a cabo. Porque esa es otra: llevo dos años y medio con una tesis doctoral.

Sí, mi gen suicida decidió activarse hace unos años y enfrascarse en la maravillosa aventura de escribir una tesis sobe márketing y comunicación audiovisual, algo en lo que trabajo prácticamente todos los días y muchos fines de semana, festivos incluídos. Investigar no es fácil y requiere de lectura todo el tiempo: al principio, cuando tienes que empaparte de conceptos y conocimientos básicos, durante la investigación con los resultados, y al final, releyendo una y otra vez lo que escribes. Eso sin olvidar nunca que tienes que estar al día y pendiente de cualquier novedad que salga sobre el tema. Para que os hagáis una idea, el año pasado (sí, los he contado) me leí alrededor de 250 artículos científicos y unos 37 libros (algunos no enteros, hay que ser prácticos e ir al grano de lo que te interesa), eso en un año. Llevo dos y medio.

No contento con ello, mi pasión por contar historias y hacéroslas llegar me ha conducido por el camino del guionista. Algo que parecía fácil (mierda) y que no lo es. Algunos guionistas se echarán las manos a la cabeza, pero mientras escribo un guión me gusta (manos a la cabeza en 3, 2,...) releerlo una y otra vez hasta que está terminado. Y si haces bien tu trabajo tienes que dejarlo enfriar un tiempo y volvértelo a leer una vez más. No será la última, ya que seguramente cuando trabajes con el dibujante también habrá que echarle un vistazo e incluso corregir alguna que otra cosa. Pero claro, sólo escribiendo no se aprende, también hay que documentarse (y mucho) sobre lo que uno quiere escribir y no tiene ni idea (que en mi caso es la enciclopedia entera) y para ello ¿qué hay que hacer? Leer.

Como no, están mis compañeros, blogueros, guionistas amateurs y demás. Os sigo cada día siempre que puedo (que, normalmente ,es la mayor parte del tiempo) y me encanta leer y comentar todo lo que escribís. Para ello tambíen hay que leer. Sobre todo si tienes un blog y escribes posts, tal y como me enseñó mi buen amigo Bram en uno de sus muchos (y estupendos) consejos, tienes que releer todo aquello que vas a publicar. Aunque creo que a veces no lo hago lo suficiente.

Aparte de mi trabajo y la tesis, en mi mundo (esto aún tengo que acabar de aclararlo con mi psicólogo) los días tienen 37 horas (acaba en 7 porque me da suerte) así que, ¿qué hago con las 13 horas restantes? Pues doy clases, y cuando no doy clases, aprendo. Es decir, que soy profesor y alumno de cursos en la universidad (que no asignaturas, bastante tuve con las de doctorado). No os voy a engañar, cuando uno aprende tiene que leer, ya sea las diapositivas del profe (lo que nos lleva, en ocasiones, a la conocida "muerte por powerpoint") o los textos que te pasa. ¿Porqué hago eso? Bueno, a veces por pasión y otras porque los funcionarios para ganarnos 4€ más al més (literalmente) tenemos que pasar por el aro en algunas cosas. Sin embargo disfruto más impartiendo clases, que gozo poder compartir conocimiento. Conocimiento que, por cierto, hay que preparar. Si, las clases se tienen que preparar y no es moco de pavo. Primero uno tiene que saber de lo que habla y procurar al alumno el máximo conocimiento posible para que lo pueda aplicar en su vida, en lo que sea, pero que sea de provecho. Y eso se hace leyendo, leyendo mucho sobre muchas cosas y sobre como preparar esas muchas cosas, y sobre como ofrecer al alumno esas muchas cosas, y sobre somo ejercitar la mente del alumno en esas cosas. Cosas, cosas, cosas.

Bueno, y en mi tiempo libre ¿qué hago? Pues escucho música. Parece inofensivo ¿verdad? Eso es si no te llamas Paco Hernández y te gusta leer las letras de las canciones. No os voy a mentir, lo hago para cantarlas. Ah, y gracias a todos aquellos que por un momento me habéis imaginado cantando como los chic@s de Glee, no es el caso, pero gracias. También me gustan las series de televisión, sí, las americanas, ya sabéis, esas que aquí llegan tarde (o no llegan nunca) y que para estar al día si no tienes un inglés de la hostia tienes que...en efecto, leer los subtítulos. Así que ea, las 11-12 de la noche y leyendo otra vez.

El caso es que después de todo eso y, después de aprovechar cada minuto en casa para leer un tebeo, siempre me gusta irme a la cama leyendo algo, ya sea un cómic, o un libro. No sé vosotros pero yo no me voy a dormir tranquilo si no sé qué está haciendo en esos momentos el protagonista de turno. Llamadme maruja si queréis.

Así pues, hay días que no pararía nunca de leer y otros en los que ver una sóla palabra más me puede ocasionar el más asqueroso y enérgico de los vómitos.

Llegados a este punto os preguntaréis a cuento de qué viene todo esto e incluso, si lo he hecho bien, os habré conseguido agobiar un poco. La respuesta es muy sencilla: siempre he tenido la convicción (llevada a la práctica con grandes resultados) de que cuando uno se siente agobiado, estresado y su cabeza parecen los mundos de Terry Pratchett tiene que coger un papel y hacer una lista de todo aquello que tiene pendiente, que tiene por acabar y que le da dolores de cabeza. Es como quitarse de encima unos 30 kilos de peso porque cuando lo ves escrito no parece tan terribe. Y, qué demonios, para eso tengo un blog ¿no?

Comic 21 ya a la venta

Que sepáis que el cómic de apoyo a la Asociación Síndrome de Down, Comic 21, ya está a la venta en su página web: AQUÍ. De todas formas, a partir del 15 de marzo también lo podréis encontrar en un porrón de librerías especializadas, mira la lista AQUÍ que igual tienes una en tu ciudad o cerquita.

Os aseguro que está repleto de muy buenas historias y de todo tipo, son 80 páginas dibujadas con mucha ternura e imaginación que estoy seguro que os hará pasar un buen rato pero también pensar sobre lo que estáis leyendo. Recordad que es un proyecto benéfico en el que, además de recaudar, se muestra de algún modo aspectos de la vida de personas y familias que conviven con el Síndrome de Down, una realidad de la cual no tenemos que alejarnos sino todo lo contrario, acercarnos aunque sea a través de un cómic.

Y no sólo lo digo yo, lo dice muchas más gente:

-Su facebook: http://www.facebook.com/comic21

-Juanjo Megías

-Atalaya: desde la tela de araña




Apocalipsis Z: La Ira de los Justos

La entrada contiene Spoilers

Siempre es triste llegar al final del camino en una lectura y más cuando se trata de una trilogía, sobre todo si dicho camino ha sido realmente bueno. Apocalipsis Z marcó (según mi parecer) el pistoletazo de salida para el género en España gracias al carisma y la empatía que nos llevaban a ir de la mano de un personaje enfundado en un traje de neopreno por los parajes gallegos y acompañado de su gato persa anaranjado. Tres libros después, en "Apocalipsis Z La Ira de los Justos" ese viaje llega a su final, dejándote en la boca un único sabor amargo: el de la despedida.

Enamorado del primer libro me embarqué en el segundo donde, de algún modo, me distancié del personaje principal de la historia a pesar de que también le había cogido cariño a Lucía y Víktor. No me importó ya que creí que era normal que la historia avanzase al igual que las aventuras del protagonista y sus amigos. Sin embargo, cuando comencé el tercer libro y ví que llegaban a Estados Unidos empecé a pasar miedo de verdad "¿A dónde narices me lleva Loureiro?" Entonces comencé a sentir añoranza y ver en la distancia aquellos días en que los viajes y los malos ratos del personaje eran únicamente nuestros, de él y del lector. Pero no ha sido así.

En primer lugar quiero destacar la evolución de Loureiro como autor, para acallar bocas. Se nota (y eso que yo no soy crítico literario) que hay un cambio entre el segundo y el tercer libro, y para muy bien. Sinceramente, es algo que no me importaba demasiado ya que nunca me detuve a mirar el aspecto literario. Y cuando uno no se detiene por eso es por dos motivos: primero porque la historia es tan buena y te engancha tanto que no lo necesita, y segundo porque formalmente debe estar correcto como para que no te des cuenta de que hay algún error o el escritor en cuestión "no sabe escribir". Ya os digo, sólo para acallar bocas.

Sin embargo lo que me ha gustado, y mucho, es como desarrolla la historia y consigue darle un final, un increíble final a todo. Ha sido un placer volverme a encontrar en solitario junto al protagonista, los dos, mano a mano contra el destino y los baches del camino, que es como nos enamoramos todos de esta historia. Es más, quiero decir que la escena del tren es una de las cosas más angustiosas y aterradoras que he leído nunca, que hay un antes y un después de esa escena y que Loureiro te hace sufrir de lo lindo. Aparte, que deciros de que las últimas 200 páginas cayeron del tirón porque no podía soltarlo.

En resumen, Apocalipsis Z ha tenido el gran final que se merecía, reencontrándose de nuevo con el lector, con sus personajes y, sobre todo, con sus orígenes. No os podéis imaginar (o sí) la pena tan grande que fue soltar el libro después de la última página. Pero oye, que para eso están las estanterías, así que no me preocupo Manel, cuando tenga ganas de volver a oir de lúculo sólo tengo que acercarme al estante, coger el libro y empezar a leer: "Hoy va a ser un día de locos. Esta mañana cuando me he levantado..."

Con todo mi respeto, pero usted no merece dibujar Superman

En mi trabajo tenemos la mala costumbre de hacer lo que llamamos "pataletas de pasillo", que es cuando estás cabreado y/o disconforme con algo relacionado con el sistema en el que te encuentras y en vez de quejarte donde deberías (sindicatos, públicamente, etc...) lo haces con los compañeros cuando te los encuentras en el pasillo de la empresa. Las razones por las que eso se hace son diversas, desde no tener ganas de joderte el día, evitar conflictos innecesarios con los compañeros, hasta contar 10 segundos y esperar a que se te pase y te vuelvan a "joder" de nuevo. Hoy mismo he tenido que hacerlo, hoy he contado hasta 10 y no se me ha pasado, de hecho llevo todo el día contando hasta 10 una y otra vez y he averiguado que no me da la gana pasar del tema. Sin embargo no es por motivos de trabajo, es por culpa del n. 57 de Superman que ha salido este mes.

Veréis, en el mundo del cómic (excepto en raras ocasiones) hay muchas "pataletas de pasillo" y rara vez vemos a un autor (ya sea guionista, dibujante, editor, etc...) meterse con el trabajo de los compañeros. Sus razones tendrán, yo ahí no entro. Es más, pensaba dejarlo pasar porque creía que tenía que haber un respeto hacia el trabajo de estas personas. AHORA BIEN, hay dos motivos por los que me voy a cebar: el primero es porque llevo mucho, muchísimo tiempo demostrando mi respeto hacia el colectivo, en todos sus aspectos. Es más, mis críticas (pocas, pero las hay) son totalmente objetivas y jamás diré que esto o aquello es una porquería sin justificar el porqué sobre todo porque detrás de esto hay personas, y las personas tienen sentimientos. Pero en segundo lugar, y más importante, creo que es a mi como lector al que se le ha faltado al respeto, y los lectores tambén tenemos sentimientos. Los lectores, en muchos casos, somos fans y a veces se nos va la pinza y podemos tener nuestro momento "esto no puede ser así!" como si fuéramos el editor o el creador del personaje. No hay nadie más crítico que los fans. Sin embargo, si hay algo que tengo (tenemos) es experiencia porque llevamos leyendo ya muchos años, sabemos diferencias un dibujante de otro, un estilo de otro y la intención del guión o almenos diferenciar planos y otros recursos narrativos: te puede gustan un artista más que otro, pero siempre sabes si un dibujo es bueno o no.

Lo que no sabéis, es que hay un tercer motivo. Este tercer motivo es que desde hace unos años he tenido la suerte de trabajar con autores amateurs que intenta hacerse un hueco profesional a base de mucho, mucho esfuerzo y dedicación. Así que es entonces, cuando cae en tus manos, el n. 57 de Superman y te cagas en todo. Veréis, como muchos sabéis, intento no seguir la edición americana y normalmente me espero a la publicación en español en nuestro país. Como no, conocía de la existencia del reboot y sus consecuencias, incluso he ojeado algún que otro tebeo. Sin embargo, en el fondo tenía la esperanza de que fuera algo temporal, que luego todo se desharía y Superman volvería a llevar calzoncillos rojos. Parece ser que no será así. Y lo digo por varios motivos: el primero porque la editorial no dicho nada al respecto, el segundo porque todo indica que van a continuar así, el tercero porque ya hicieron algo parecido en el 86 con Byrne y por último porque hay un FIN al final del n.714 de Superman (57 edición española)

¿Es por eso que estoy indignado? No, no voy a entrar a discutir una decisión editorial porque no soy editor, pero sí lector. Y SOBRE TODO, fan de Superman: me compro todos sus comics, todos sus orígenes (que en los últimos años han sido muchos), crossovers y demás, aunque la historia no sea buena porque a mi lo que me interesa es el personaje y tener todo lo que pueda sobre él. Pero lo que no tolero es que si el n.713-14 de Superman marca el fin de una era, y sobre todo NO OLVIDEMOS QUE HABLAMOS DE LA COLECCIÓN DE SUPERMAN, me parece vergonzoso, y muy poco profesional el nivel gráfico que he encontrado en bastantes de las viñetas de los dos tebeos, y vosotros que me conocéis sabéis que en los 6 años que llevo por aquí jamás había escrito algo parecido. Habrá artistas más destacados que otros y eso lo entiendo, pero lo que no me entra en la cabeza es la calidad de algunas (que no pocas) de las viñetas del cómic.

Eso es una falta de respeto hacia el lector, hacia el personaje, hacia todos aquellos artistas que han trabajado anteriormente con él y se han dejado la piel (ojo, no porque sea Superman sino por el afán de superación y profesionalidad de los mismos dibujantes) pero SOBRE TODO hacia todos aquellos amateurs que día tras día se están esforzando por encontrar un hueco y un trabajo en algo tan difícil (y en ocasiones tan poco respetado) como es el mundo del cómic y se encuentren con editores cuya exigencia empiezo a dudar después de ver esas páginas. Unas páginas donde los lectores nos merecíamos una verdadera calidad artística, sea del tebeo que sea, pero siempre mostrando un respeto hacia nosotros.

Es muy fácil hoy en día decir que esto o aquello es basura (y más escondiéndose tras algunos medios sin mostrarse uno públicamente) con lo que siempre me guardo de herir a alguien con mis opiniones porque estoy convencido de que no hay malas intenciones detrás de un trabajo creativo. Pero es triste, realmente triste, tener que decir públicamente que un cómic te ha decepcionado porque el trabajo de un autor es pésimo y no podemos obviar lo contrario.

 


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