Yo no sé vosotros pero cuando yo voy al cine no voy a ver "arte", voy por entretenimiento. Voy a ver una buena historia, unos personajes carismáticos, que me hagan reir, llorar y entretenerme o todo a la vez. Harry Potter y la 2ª parte de las Reliquias de la muerte lo han conseguido. El viernes pasado llegó el momento, después de 10 años y, a pesar de haberme leído los libros, tocaba despedirme de Harry Potter en la gran pantalla.Decir que fue emocionante es quedarse corto. A mucha gente no le gusta ir solos al cine, a mi no me importa, y de hecho no fui sólo a ver Harry Potter pero aunque hubiera sido el caso no me hubiera sentido así. Se notaba en el ambiente, en la sala, un sentimiento común a cada paso que daba la película, podías notarlo. Cuanto tu callabas todos estaban callados, cuando tu te emocionabas todos estaban emocionados, y cuando tu tenías el corazón en un puño... la tía de al lado lloraba a moco tendido. Sí, me tocó sentarme al lado de una "fan" de Harry Potter, pero no un fan como lo puedo ser yo o mi querida brujita, que va, de esas que lo viven como si fuera en sus carnes. Sinceramente, a mi no me molestó, al contrario, me encanta ver ese tipo de reacciones. Reacciones del tipo "¡Cabrón! ¡No toques a Harry!" Gritando y golpeando la butaca mientras Voldemort intentaba matar al niño que se salvó.
Ciertamente hay cosas que cambian del libro, de hecho cosas importantes pero es curioso porque no me importó lo más mínimo y a poca gente he oído/leído quejarse al respecto. Es una película tan redonda y tan llena de sentimiento que dejas la adaptación a un lado. Mientras la visualizas los recuerdas a todos, más pequeños, más inocentes, más jóvenes sin saber lo duro que se iba a volver todo. Así que su dolor se convierte en tu dolor y su alegría en tu alegría. Yo lloré en el cine, y el resto de la sala también, y el que diga que no pues poco le faltó porque, aunque (muchos) sabíamos como iba a acabar, también sabíamos que iba a acabar, que cada minuto nos acercaba al final. Son muchas cosas para contar en dos horas y diez minutos, en parte lo consiguen y, es más, consiguen que sea creíble y que comprendas la trama.
Así como en la anterior, almenos para mi, el protagonista indiscutible es Hermione esta vez lo es Harry, sin lugar a dudas. Dan más importancia a personajes como Neville (gracias a Dios) y le dedican a Severus Snape el tiempo que se merece. Los efectos especiales son una maravilla, nada exagerados y cuidados al milímetro. En definitiva, tenemos de todo: acción, suspense, misterio e intriga, amor y magia, mucha magia, con combates no visto anteriormente.

Ahora vendría la parte en la que me despido de Harry, de Ron, de Severus, de Hermione, etc... pero, para que engañaros, voy a volver a ir a verla al cine. Y no lo haré porque sea (en teoría) la última vez que los voy a ver en la gran pantalla sino por el hecho de que es una película cojonuda que me ha dado todo (y más) lo que voy a buscar cuando voy al cine.




